
En medio de la compleja situación energética que vive el país, condicionada por el bloqueo y agravada con las acciones de Washington en los últimos meses, el gobierno cubano no cruza los brazos y apuesta por las soluciones endógenas ante la carencia de combustible.
Las políticas energéticas cubanas, por primera vez en décadas, quitan el foco de las divisas e importaciones para apostar por el máximo aprovechamiento de los recursos y la inteligencia nacional en función de contener en la medida de lo posible los efectos de la crisis energética.
El camino hacia la soberanía energética en Cuba no es único, sino un mosaico donde el mayor potencial recae en el gas natural, las energías renovables y el crudo nacional con sus derivados, y se levantan estos como pilares de una estrategia de resiliencia que avanza a distintos ritmos.
El sol como trinchera inmediata
El despliegue de la energía solar fotovoltaica es, sin dudas, el frente que más rápido ha crecido en el último año, pues de representar apenas un 2 porciento (%) de la generación eléctrica a inicios de 2025, en similar período del presente año ya cubre el 10% de la demanda eléctrica.
En las horas de mayor irradiación, estos parques aportan más de 500 MW al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), un alivio tangible que ha permitido reducir los apagones diurnos y ahorrar combustible líquido para otros fines.
Para la mayor de las Antillas recurso solar es abundante, y su aprovechamiento no depende de complejas cadenas logísticas de abastecimiento continuo, lo que lo convierte en la primera línea de defensa ante la escasez de suministros.
Sin embargo, el verdadero salto cualitativo de la apuesta solar no está solo en los paneles, sino en los sistemas de acumulación con baterías, pues además del mero almacenamiento, estas cumplen una función estratégica de primer orden: la estabilización de la frecuencia.
Cuando las termoeléctricas, por fallas o falta de combustible, menguan su generación de forma brusca, las baterías serían como un colchón de respuesta inmediata, ganando segundos críticos que evitan el apagón generalizado.
Y, aunque las tecnologías de generación y acumulación, dígase paneles y baterías, también provengan de fuera e incluso su instalación avance de la mano de la cooperación internacional, igualmente la fuente constituye una solución profundamente endógena en su operación y mantenimiento.
Las proyecciones del Ministerio de Energía y Minas para el presente año apuntan a que la solar de conjunto con resto de energías renovables eleve al 15% su penetración en la matriz de generación eléctrica, y a mediano plazo que alcance el 24% de la generación para 2030.
El biogás, la promesa circular del campo
En un horizonte entre el mediano y el largo plazo, el biogás también emerge como una alternativa limpia y descentralizada con un enorme potencial aún desperdiciado, y que mengua junto con las capacidades ganaderas y agrícolas.
Producido a partir de la descomposición anaeróbica de materia orgánica, dígase estiércol bovino o porcino complementado con otros residuos agropecuarios, este gas puede convertirse en biometano para uso doméstico y como combustible para vehículos adaptados.
El digestato resultante del proceso funciona, además, como un biofertilizante de alta calidad, capaz de sustituir total o parcialmente los fertilizantes químicos importados, cerrando así un ciclo virtuoso que reduce la dependencia externa en dos frentes sensibles: la energía y la agricultura.
Actualmente, el país aún cuenta con una masa ganadera significativa y residuos disponibles que, bien aprovechados, podrían alimentar miles de pequeños y medianos digestores en zonas rurales, mientras la industria azucarera utiliza su biomasa para generar electricidad.
El avance más concreto en esta dirección se encuentra en el municipio de Martí, provincia de Matanzas, donde el proyecto “Acción Global para el Cambio Climático”, impulsado por el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Ministerio de Economía y Planificación, ha instalado una planta que convierte biogás en biometano.
Con un costo total de 33 millones de pesos cubanos, de los cuales unos cinco millones de euros fueron aportados por la Unión Europea, la iniciativa logró poner en circulación cinco ómnibus de la marca Yutong que operan con este combustible, además de abastecer a instalaciones locales.
Pese a la participación exógena, el modelo de demostración prueba la viabilidad técnica del biometano en el transporte público, y ha servido para capacitar a los cubanos en el manejo de este tipo de tecnologías.
El gran desafío, sin embargo, es diseminar esta experiencia sin depender de importaciones masivas de equipos, aprovechando que por todo el país existen ya pequeños digestores industriales para el tratamiento de residuos, aunque su escala es insuficiente, pero el potencial existe.
La réplica del modelo requeriría desarrollar tecnología nacional de biodigestores, aprovechar materiales locales y la red preexistente de especialistas que asesoren a los productores agropecuarios.
La cooperación internacional, si bien valiosa, es intermitente y vulnerable a las presiones externas, al igual que la inversión extranjera en la isla; el biogás sin embargo sigue siendo, más que una realidad extendida, constituye una apuesta racional que supera la generación de electricidad.
El gas natural, la columna vertebral
Si hay una fuente que ya demostró su eficacia durante el presente siglo, esa es el gas natural asociado al crudo cubano y extraído mayoritariamente en las costas noroccidentales.
Durante las últimas dos décadas, este gas ha sido utilizado para generar electricidad con sistemas termoeléctricos de ciclo combinado y para inyectar en la red urbana con fines domésticos, especialmente en la zonas densamente pobladas de La Habana.
Su papel en la generación base es insustituible: cuando el sol se pone y los parques fotovoltaicos dejan de producir, el gas sigue quemándose para mantener el flujo eléctrico que promedia 350 MW/h, especialmente decisivo en las horas pico de la noche.
Su explotación arrancó con la creación de empresa mixta Energás tras el Período Especial, la infraestructura de extracción, procesamiento y transporte del gas requiere de mantenimiento constante de sus tecnologías, adquiridas en el mercado internacional.
El horizonte para el gas natural pasa por incrementar la extracción y, sobre todo, optimizar el uso de las capacidades existentes, aunque la reciente inclusión de la Unión Cuba Petróleo (CUPET) en la lista de entidades especialmente designadas por el Departamento de Estado bajo el paraguas de la orden ejecutiva 14404, busca precisamente asfixiar esta cadena, bloqueando la compra de cualquier insumo que pueda mejorar la extracción o el transporte.
El gas, aunque nacional en su origen, depende de un ecosistema tecnológico que el bloqueo se empeña en desmantelar, pero de cuya resistencia recae la estabilidad del sistema mientras se eleva la capacidad con el resto de las fuentes.
El crudo nacional y la refinación como gesta tecnológica
La fuente más esperanzadora es el petróleo cubano y sus derivados cobran vida como alternativa urgente en la situación actual, paradójicamente, como opción siempre quedó marginada en el discurso de la soberanía energética, al menos en materia de refinación, mientras existió la posibilidad de importar.
La extracción del crudo cubano se incrementó durante los años del Período Especial, pero por su alta viscosidad y contenido de azufre, se retrasaron los costos y esfuerzos que requería refinarlo mientras se utilizaba directamente en las termoeléctricas mezclado con fuel-oil.
En la actualidad su producción ronda el 40% de las necesidades nacionales, sin embargo, el crudo nacional se quema directamente en las termoeléctricas mezclado con fuel oil y requiere nafta como solvente para pozos y tuberías, ambos importados o producidos con petróleo ligero también exógeno.
La escasez de esa nafta, condicionada por la orden ejecutiva 14389 que limita las importaciones energéticas, puso al sector ante un dilema: dejar de extraer o encontrar una solución propia, la respuesta fue contundente: acelerar los experimentos de refinación que llevaban años madurando en los laboratorios.
El último hito se produjo en la Refinería "Hermanos Díaz", en Santiago de Cuba, donde una segunda prueba piloto logró procesar 20 mil toneladas de crudo nacional cuyo resultado fueron: nafta, fuel oil y diésel.
Este logro, combina la experiencia del Centro de Investigaciones del Petróleo (CEINPET), fundado con ese fin en 1996, con la pericia de los ingenieros y técnicos santiagueros, ha demostrado que el crudo cubano no es "inviable", como se repetió durante décadas, sino que requiere de un enfoque innovador y mucha paciencia en los procesos de prueba y error.
La verdadera meta, sin embargo, va más allá de esta prueba exitosa, pasa elevar la escala del proceso de termoconversión desarrollado por científicos cubanos que permite mejorar el crudo pesado sin necesidad de diluirlo con solventes importados.
Si se logra, Cuba podría refinar una parte sustancial de su propio petróleo para cubrir la demanda de fuel oil y diésel, reduciendo drásticamente la factura importadora, sin embargo este camino está bajo asedio directo de la orden ejecutiva 14404 tras la inclusión de CUPET en la lista de entidades designadas.
La medida, insertada en la estrategia imperialista de Washington que busca poner punto final a la Revolución cubana, apuntando deliberadamente a CUPET, núcleo medular para impedir la compra de tecnologías que permitan la adaptación de las refinerías.
Frente a ello, la gesta de los ingenieros y científicos cubanos adquiere un significado que trasciende lo técnico y se convierte en un acto de resiliencia.
El viento y el agua, complementos necesarios
Aunque con menor peso en la matriz actual, la energía eólica y la hidráulica completan el panorama de las fuentes renovables cubanas aunque ambas enfrentan limitaciones geográficas: aguas sin el caudal necesario y viento limitado dentro de las zonas terrestres.
La hidráulica ya cuenta con 69 MW instalados, repartidos en pequeñas centrales en la región oriental, y se espera la entrada del proyecto Alacranes en Villa Clara, que añadirá capacidad de regulación en momentos de sequía.
La eólica, por su parte, suma apenas 16 MW operativos, con el parque Herradura 1, en la provincia de Las Tunas, en fase de construcción para agregar 33 MW adicionales.
Cuba no tiene grandes ríos caudalosos ni un régimen de vientos tan constante como otras islas del Caribe, pero su aporte, aunque modesto, son valiosos por su carácter no intermitente y por la existencia de embalses y flujos nocturnos de viento, mientras en esos horarios la solar cesa.
Ambas forman parte del objetivo gubernamental de alcanzar el 24% de generación renovable en 2030, y aunque no son las estrellas del momento, ningún plan de transición energética puede descartarlas.
Las energía solar, el biogás, el gas natural y el crudo nacional refinado, complementadas por el viento y el agua, dibujan un mapa de resiliencia que no depende de la concentración de los esfuerzos para resistir con un único salvavidas externo, todo lo contrario.
Cada una de las fuentes tiene su propio ritmo: la solar es la más inmediata y la que mejor está respondiendo en la coyuntura; el biogás es la promesa rural que necesita tiempo e innovación nacional y el gas natural es la columna vertebral que hay que mantener contra viento y marea.
La refinación de crudo nacional es, por otro lado, la apuesta estratégica que, de madurar, podría cambiar las reglas del juego.
Todas ellas, sin embargo, chocan contra un muro normativo que no descansa: las órdenes ejecutivas recientes no son un incidente, sino una escalada para impedir que Cuba no tenga acceso a recursos externos y ni siquiera sea capaz de utilizar las capacidades endógenas.
Aunque el muro levantado por Washington trata de contener los esfuerzos de los cubanos por alcanzar el cambio de matriz, entre los habitantes de la nación caribeña está presente el mismo espíritu que impulsó al doble recordista mundial en salto de altura, Javier Sotomayor, porque para los nacidos en esta isla pueden existir barreras difíciles de sortear, pero nunca insuperables.
En el sector energético cubano por fin se ha entendido que la luz al final del túnel no se importa: se genera desde dentro, con ingenio, con esfuerzo y con la certeza de que cada megawatt producido con recursos nacionales es un paso más hacia la soberanía plena.
Frente a ese bloqueo que intenta apagar la isla, se olvida que el archipiélago cubano, pese a ser una país unitario, es una nación diversa dónde siempre habrá personas con la creatividad y el patriotismo que requiere la búsqueda de soluciones propias, y mientras esas sean mayoría, ningún enemigo podrá arrebatar a los cubanos su soberanía.