Pandemia de Covid-19 dejó de ser una emergencia, pero amenaza

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el coronavirus SARS-Cov-2, causante de la Covid-19, ya no es una emergencia pública internacional, lo que no quiere decir que esa enfermedad dejó de ser una amenaza.

Aun cuando la OMS adoptó esa decisión, la Covid-19 está presente y mantiene el riesgo para millones de personas, de lo cual es prueba lo sucedido la pasada semana: un fallecido cada tres minutos y miles de personas ingresadas en las unidades de cuidados intensivos, de acuerdo con los registros oficiales.

El Comité de Emergencia de la OMS declaró que la emergencia de salud pública que comenzó el 30 de enero de 2020 llegó a su fin, luego de ser decretada hace tres años en correspondencia con la clasificación de “nivel más alto de alarma en virtud del derecho internacional”.

En esa fecha fuera de China se habían notificado menos de 100 casos y ninguna muerte, recordó el director general de la OMS, Tedros Adhanom, quien comentó que “en los tres años transcurridos desde entonces, la Covid-19 puso al mundo patas arriba”.

Y no fue para menos, ya que en el tiempo transcurrido la agencia sanitaria recibió notificación de casi siete millones de muertes, aunque asegura que la cifra real ronda los 20 millones de fallecidos, mientras los casos confirmados llegaron a los 765 millones.

A ello se sumó el serio deterioro que sufrieron los sistemas de salud, lo cual provocó que millones de personas no pudieran acceder a los servicios sanitarios esenciales, como las vacunas infantiles, vitales para salvar vidas, o los tratamientos y atenciones a los aquejados por el VIH-SIDA.

Lo que vivió el mundo fue algo más que una crisis sanitaria por las afectaciones económicas, la pérdida de millones de millones de dólares que no ingresaron al Producto Interno Bruto global, el cierre de los viajes internacionales y la paralización del turismo y el comercio, el cierre de escuelas y centros laborales, y por consiguiente el aumento de la pobreza.

Otros graves trastornos sociales se produjeron con el cierre de fronteras, la restricción de movimientos por los largos confinamientos para evitar la expansión de la enfermedad y los contagios, además de los desequilibrios psicológicos por el aislamiento y la pérdida de seres queridos.

En opinión del titular de la OMS, la Covid-19 dejó al descubierto y exacerbó las divisiones políticas dentro de las naciones y entre ellas, además de erosionar la confianza entre las personas, los gobiernos y las instituciones, alimentado por un torrente de desinformación.

“También sacó a la luz pública las desigualdades más acuciantes de nuestro mundo, siendo las comunidades más pobres y vulnerables las más afectadas, y las últimas en recibir acceso a vacunas y otras herramientas”, aseguró Tedros.

Afortunadamente durante el último año la pandemia empezó a descender con el incremento de la inmunización, a pesar de la despiadada comercialización y competencia de las grandes compañías farmacéuticas, lo cual permitió reducir los niveles de contagio y la mortalidad.

Gracias a las masivas campañas de vacunación hasta el 30 de abril de este año se habían administrado 13 mil 344 millones 670 mil dosis y más de cinco mil 548 millones de personas fueron vacunas con al menos una dosis.

No obstante, el titular de la OMS afirmó que esto no significa que la Covid-19 dejó de ser una amenaza para la salud mundial, porque miles de seres humanos hoy están contagiados y millones sufren los efectos debilitantes posteriores a la infección.

El SARS-Cov-2 y sus variantes, por su amplio poder de mutación, están ahí y no se descartan nuevos repuntes de casos y muertes, por lo que ahora con el fin de la emergencia pública internacional es imprescindible mantener la vigilancia y activos los sistemas sanitarias y todos los servicios de salud.

La decisión adoptada se traduce en el momento adecuado para que los países pasen de la emergencia a la gestión de la Covid-19 junto con otras enfermedades infecciosas y dolencias de las vías respiratorias por virus o bacterias, aunque con la condición de que en caso necesario, la OMS no dudará en revocarla si vuelve a poner en peligro a la humanidad.

Para evitarlo se recomienda vigilancia colaborativa, protección de la comunidad, atención sanitaria segura y escalable, acceso a contramedidas y coordinación de emergencias.